Abrir negocios en mitad de la pandemia

Les llaman locos pero son valientes en tiempos de crisis. Con el comercio muy tocado por la segunda ola, ellos retan a los malos tiempos poniendo en marcha tiendas y creando empleo

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Abdelghni Ben Lahcen es un emprendedor curtido y experto, con sobrada experiencia en el comercio local. «He tenido negocios que no me han funcionado, por estar en zonas que no eran las correctas o porque me han subido el alquiler del local y me he tenido que marchar. A pesar de eso, siempre me he levantado del tropiezo y he salido adelante», confiesa. 

Este marroquí, afincado en Tarragona desde hace 16 años, conoce bien la ciudad, porque en ella ha impulsado algunos de sus proyectos comerciales, entre ellos Fruites Nadia, en la Plaça Ponent. Ahora, en tiempos de pandemia, apuesta por este triple salto mortal, por los tres locales que abre, todos ellos de comida para llevar, un sector que aspira al alza en tiempos de consumo restringido y horarios limitados en bares y restaurantes. Uno de ellos está junto a la frutería, en la Plaça Ponent; el otro, muy cerca, en Pere Martell, que abrirá en breve. 

«Siempre es un riesgo»

Un último negocio se ha puesto en marcha en la calle López Pélaez, esquina con Rovira i Virgili, también en el centro de la capital; todo ello, en suma, es una apuesta decidida por el comercio de proximidad y por la cercanía con el cliente, el sello imborrable de sus negocios. «Estamos contentos por emprender esta nueva etapa, aunque siempre sea un riesgo. La mayoría de clientes son personas del barrio a las que acabas conociendo», cuenta Abdelghni, atrevido y osado pese a los malos tiempos y, sobre todo, voluntarioso y trabajador. «Todo esto es una ilusión, una idea, una filosofía. No somos grandes empresarios, solo somos pequeños comerciantes que tenemos fe, que creemos en el negocio y vamos probando con distintas iniciativas. No siempre me ha ido bien, pero he aprendido a levantarme. A veces he tenido que cerrar locales y luego he abierto otros», relata. Sus establecimientos suelen orbitar en las cercanías del Mercat Central pero también en otros puntos céntricos de Tarragona. 

Con la frutería de la Plaça Ponent consolidada desde hace 13 años, el nuevo proyecto de alimentación para llevar apuesta por los precios asequibles. «Hay gente que no se puede permitir un menú de 12 euros en un bar. Nosotros damos un primero, un segundo y un postre por 4,50, más barato, y estás comiendo mejor que si te tomaras un bocadillo», cuenta el impulsor, junto con su mujer, Nadia Boulaich, ideóloga de estos proyectos y también persona clave al frente de todos estos establecimientos. Además, su nombre de pila sirve para bautizar a esta pequeña cadena. «Somos como una familia y nos ayudamos entre nosotros. No es solo una cuestión de dinero. También sentimos que tenemos una responsabilidad de generar trabajo, de dar empleo para que la gente pueda tirar hacia adelante», comenta Albdelghni, que da algunas de las claves: «Creo que es mejor apostar por el centro de la ciudad, porque siempre hay más movimiento de gente que en los barrios de la periferia, pero lo principal es ganarse la confianza de la gente, dar un buen servicio para que estén contentos contigo». 

«Todos te dicen que estás loco, pero esos mismos también te animan»

Los hermanos gemelos David y Xavi Jiménez (46 años) ultiman la puesta a punto de la tienda Ebroh Tarragona, la franquicia de una marca referente en la movilidad eléctrica. En la calle Manuel de Falla de Tarragona abrirá en cuestión de días un establecimiento que reta a las restricciones, los parones económicos y, en definitiva, estos malos tiempos. «El 98,9% de la gente nos dice que estamos locos pero ese mismo 98,9% nos anima a apostar por ello, a darlo todo y tirar hacia adelante», explica David. 

El momento impone, claro está, pero la ilusión supera al miedo. «El temor es muy grande, porque inviertes mucho, vuelcas todo en esto, necesitas darte a conocer y hay que trabajar duro para ello, pero creemos en esto y tenemos confianza y esperanza», cuenta David. La pandemia no ha sido obstáculo para darle forma a una aspiración que durante años les daba vueltas en la cabeza. «Estuvimos trabajando en un centro de ambulancias, con gente mayor, y dedicarme a eso me gustó desde el principio, ahondar en el tema de la movilidad reducida», explica David. Otra circunstancia fue decisiva. Un amigo de David se compró una moto eléctrica de la marca Ebroh, en Zaragoza, y todo hizo click. «Le acompañé y vi todos los aparatos de movilidad reducida que tenían y se me abrieron los ojos», recuerda. 

Los dos hermanos tienen experiencia en la atención postventa de concesionarios en Tarragona, un bagaje que debe servir ahora para embarcarse en esta aventura: «Casi toda nuestra vida nos hemos dedicado a la atención al cliente de algunas marcas. La idea la tenía desde hacía tiempo pero fue en julio cuando nos liamos la manta a la cabeza y empezamos a montarlo todo». Hay una apuesta decidida por Tarragona, como epicentro desde el que se pretende cubrir toda la provincia, pero también por un nicho de futuro. «Creemos que hay una oportunidad para aprovechar. Hablamos de una marca muy fiable, de un fabricante español, estamos en una ciudad que sube y baja, con un clima magnífico y mucha gente mayor sin soluciones. Damos un servicio a golpe de teléfono, muy cercano, y eso creemos que la gente lo va a valorar. Hay otros sitios de venta pero nosotros damos servicio técnico». 

Motos, bicicletas, mountain bikes o scooters, con modelos pensados también para discapacitados, forman parte de la gama de productos que se ofertarán en el showroom de la calle Manuel de Falla. El punto de postventa, que incluye el servicio técnico, se ubicará en la calle Mallorca. Los Jiménez apuestan por la movilidad eléctrica como sector con una proyección de largo recorrido. «100 kilómetros en una moto de explosión cuestan 11 euros. En una eléctrica son 30 o 40 céntimos. Creemos que el futuro va por ahí y por eso confiamos en nuestro negocio a pesar de todas las dificultades», zanja David, con todo el ánimo de encarar 2021 dando a luz a este proyecto con hambre de éxito pese a las adversidades. 

«La situación es dura pero nos está yendo mejor de lo que pensábamos»

Joan Roca (32 años) está satisfecho. No es para menos. Abrió su negocio a principios de noviembre, justo en la cresta de la segunda ola. «Estamos contentos. La época es mala y la situación muy difícil pero nos está yendo algo mejor de lo que preveíamos», reconoce el máximo responsable de Skadi Treks, una tienda de ropa y artículos de montaña en la calle Alguer de Tarragona. El negocio ha abierto puertas contra viento y marea, después de salvar obstáculos en este convulso 2020. «Empezamos con la idea hace un año, pero hemos tenido que remodelar y adaptar el local. Nos cogió el confinamiento de la primavera por medio, tuvimos que parar de golpe… Todo se fue retrasando y costó más tiempo del previsto. Queríamos abrir antes pero las circunstancias lo han ido impidiendo», recuerda Joan, que tras meses de esfuerzo e incertidumbre ha dado forma a su idea. «Somos una tienda especializada en actividades de montaña, para todos los niveles. Abarcamos desde el excursionismo al trail running o el alpinismo», cuenta. 

De la mano de un socio inversor y de su pareja, Sita Golorons, también encargada en la tienda, el negocio marcha con buen rumbo. «Desde mi entorno lo que me dicen sobre todo es que soy muy valiente, aunque algunos puedan pensar en realidad que es una locura. La clave es confiar en lo que haces. La inversión es grande y el riesgo también, pero creemos que hay espacio para un negocio así. Hay mucha afición a la montaña, tanto aquí, en entornos cercanos de Tarragona, como en los Pirineos, que están más lejos pero son igualmente accesibles». 

Joan, que es guía de montaña, pretende en un futuro próximo complementar la venta de productos con otras ofertas que son claves en un proyecto que busca ser integral y dar más alicientes: los cursos de formación y las salidas. La acogida, por el momento, es buena. «Viene gente de entre 24 y 35 años, sobre todo de Tarragona capital. Notamos que hay movimiento, y eso que nos afectan mucho las restricciones del fin de semana o los confinamientos municipales, porque limitan mucho los desplazamientos», lamenta Joan, un valiente en tiempos de pandemia que antes se dedicaba al mundo de la seguridad y que ahora ha decidido transformar su afición en un trabajo; una maniobra osada pero llena de empuje: «Hay que lanzar el mensaje de que la gente apueste por las tiendas pequeñas, por el comercio local de proximidad, sobre todo en estos momentos». 

«Abrimos con algo de miedo, pero creemos en este proyecto»

En el número 24 de la Avinguda Prat de la Riba de Tarragona levantó la persiana hace un mes EMSCLUB, un centro dedicado a la salud y el bienestar personal con algunas de las técnicas más avanzadas del mercado en electroestimulación, plataformas galileo u oxigenación celular, además de ofrecer servicios de fisioterapia y nutrición.  Ha impulsado el negocio Miquel Puigdevall, con notable experiencia en el sector y muy conocido en la ciudad por su faceta y éxitos como tenista veterano. Ejerce como director y alma mater del establecimiento su hermano Albert.

«Hemos abierto con algo de miedo como es normal, por el momento de incertidumbre actual que vivimos, pero creyendo firmemente que si te cuidas, si comes bien y te ves bien en cuanto a tu imagen, todo funciona mejor. Si uno no está bien ni tiene la prevención de cuidarse no llegará a disfrutar de la vida», explica el propio Miquel al hablar del concepto de su proyecto.

Puigdevall ha aprovechado sus viajes y experiencias como tenista (ha sido varias veces internacional con la selección española) para incorporar las últimas tendencias del mercado a su negocio. «Las innovaciones que incorporamos están fuera de lo convencional, por eso nos animamos a abrir, porque creemos que sorprenderán al usuario», explica Miquel respecto a una de las claves por las que se decidió, junto con la excelente ubicación del local, a emprender esta aventura.

«La respuesta está siendo buena. Estas primeras semanas las hemos dedicado a darnos a conocer, aunque mucha gente ya me conocía de mi vinculación con el mundo del deporte y el fitness», añade Puigdevall, quien anima al público a probar con estas nuevas técnicas. «Una musculatura tonificada es el elixir de la vida. Ayudamos a mejor la fuerza a cada persona. Sin olvidar que hacer deporte refuerza además el sistema inmunitario, sostiene.

En el local se combina la actividad física con la venta y asesoramiento de pequeños aparatos de electroestimulación aprovechando que Miguel es distribuidor de Active Bodytec Europe.

«Hay que echarle valor y tirar para adelante a pesar del momento»

La historia de Lourdes Barcia es sinónimo de valentía y perserverancia en unos tiempos tan complicados como los que nos ha tocado vivir. Esta emprendedora de Tarragona se embarcó en un proyecto de interiorismo y decoración el pasado mes de enero bajo la marca LGQ. La pandemia todavía no se había cruzado en nuestras vidas y «empezamos a trabajar mucho, con diferentes proyectos», recuerda Lourdes.

Fue entonces cuando entraron en contacto con Alexandra Navarro y Álex, un matrimonio segunda generación de maestros chocolateros, que abrieron el pasado mes de junio en Granollers la primera chocolateria de la marca Exalta. Lourdes Barcia se asoció con los ‘Alex’ y, juntos, se han embarcado en un nuevo proyecto emprendedor que vio la luz el pasado 4 de diciembre en Reus.

«Hemos abierto en Reus la segunda bombonería de Exalta en Catalunya, concretamente en la calle Jesús. La verdad es que, a pesar de las restricciones que estamos sufriendo todos los ciudadanos, la respuesta de la gente ha sido muy buena, asegura Lourdes Barcia. Preguntada por si su inquietud emprendedora puede ser vista como arriesgada en los tiempos que corren, Lourdes comenta que «hay que echarle valor y tirar para adelante, a pesar del momento».

«No me voy a hacer rico vendiendo discos»

Propuesta atrevida es la de Noel Luna, que en agosto recuperó la antigua tienda de vinilos en Amposta, la misma que su padre cerró hacía tres décadas. «Mi familia conservaba el local donde mi padre tuvo la tienda antes de nacer yo, así que recuperé el mobiliario, hice algunos retoques y volví a darle vida». Conserva algunos vinilos de los que tenía su padre, hoy edición de coleccionista. Y el nombre de la tienda, Kaya Records.

Recibe a muchos de los clientes de entonces. «Un homenaje a mis raíces y a los que un día se sintieron a gusto entre estas cuatro paredes». El local es pequeño. No hace falta más como cobijo de Led Zeppelin, Iron Maiden, Extremoduro y leyendas del rock, el metal o la canción de autor. Luna quiere actuar como «escaparate» para artistas que empiezan y quieran promocionarse.

Abrir una tienda de vinilos en plena crisis y cuando nacen continuamente plataformas gratuitas donde escuchar música parece una locura. Lo tiene claro: «No me voy a hacer rico vendiendo vinilos.

Quiero que la gente venga y se lo pase bien, que se enamore del sonido del vinilo. He creado un espacio donde sentirme a gusto, no un lugar de trabajo convencional». La acogida ha sido buena. Ha recuperado algunos de los amantes del vinilo de los que iban a la tienda. «Vuelven a estar de moda los tocadiscos y esta es casi de las únicas tiendas especializadas en vinilos de la zona, ya que además de discos también vendo agujas y algo de material para repararlos».  

«Decidí dejar lo que tenía en Londres y dar rienda suelta a mi pasión»

Helena trabajaba y vivía en pareja Londres, hasta que la pandemia les dejó sin trabajo ni recursos. «Decidimos dejar todo lo que habíamos creado allí para volver a casa, a Amposta, y dar rienda suelta a nuestra pasión», explica la joven. Y así fue como Helena Herranz empezó a trabajar en el proyecto de La Romàntica, una librería que nació de su pasión por los libros. «En la capital del Reino Unido me encantaba perderme por las librerías, podía pasarme la tarde entera. Tener la mía no era más que un sueño, pero una vez me vi en Amposta disponía de un local, ya que era de la familia de mi pareja, y decidí ponerme a trabajar», decía.

El lugar luce con orgullo el nombre, pues es uno de los espacios más dulces y apasionados de la ciudad. Las baldosas están pintadas a mano, igual que las postales que ilustran los poemas que cuelgan de las paredes. «Intento escoger cada libro con cuidado, ir más allá de los superventas que se pueden encontrar en cualquier sitio. Además, verás que las obras ilustradas tienen un rincón especial, ya que intento cuidar mucho este género por ser de mis preferidos», revelaba.

Herranz tiene muy claro que «abrir una librería en estos tiempos es una idea muy romántica, estoy de acuerdo, pero en este sentido podemos entender el romanticismo como una forma de perseguir nuestros sueños y sentimientos por encima de la razón». Además, confía en que la gente se conciencie cada vez más de apoyar al comercio local y, hasta ahora, dice estar bastante satisfecha. 

«En la librería se crea un ambiente muy bonito donde conversamos y comentamos lecturas con los clientes, quiero mantener esta calidez a pesar de las restricciones por la pandemia», decía. A pesar de eso, sabe que no son tiempos fáciles para nadie y que comprarse un libro es, para algunos, un pequeño lujo: «Me alegra ver que la gente sigue valorando y apoyando a la cultura en estos tiempos tan complicados, porque sé que venir a comprar un libro es un esfuerzo y, aun así, hay mucha gente que lo hace», comentaba agradecida.

Las medidas aplicadas a los comercios le afectan directamente, pues, al ser un espacio pequeño, en la tienda solo pueden estar tres personas. Helena comentaba que «mucha gente viene acompañada y entonces, si vienen más clientes, tienen que esperar fuera. Algunos se esperan, pero otros se van... es lo que hay. Por eso doy gracias a los que vuelven».

Además, la joven abrió el espacio con muchas ganas de revolucionar el panorama cultural de la ciudad. Los primeros días de noviembre había organizado un soliloquio con vino, música y la poesía de Federico García Lorca en el local y en un formato muy íntimo, un acto que las nuevas medidas le obligaron a cancelar. 

«Sigo trabajando en muchas actividades, mi cabeza no para», dice la libretera. Y no es para menos, porque en estos pocos meses que hace que abrió ya ha creado una revista donde colaboran artistas locales, ‘La famolenca’; un club de lectura mensual; una propuesta para recibir paquetes de poesía en casa, donde ella escoge el libro y los regalos que lo acompañan; un sistema para comprar libros sorpresa y para llevar los pedidos a domicilio.

«La situación del coronavirus ha sido el impulso para decidirnos»

Trabajaban en el hotel Le Meridien Ra de El Vendrell. Cesc Armengou, como jefe de pastelería, y Emma García, como camarera. «Es un lugar para adquirir una gran experiencia. Para aprender en la excelencia».

Pero la crisis ha golpeado de lleno a la hostelería. Así que el matrimonio decidió abrir su propio negocio. «Un sueño que teníamos desde hacía tiempo», explica Emma. Pero no habían dado el paso.
García también había trabajado en el Celler de Can Roca, con el cocinero Nando Jubany o en el Hermitage de Andorra. «La situación del coronavirus ha sido el impulso para decidirnos. Era el momento. De no haber sucedido, quizá se hubiese retrasado más».

Armengou y García, además de apostar por ese futuro creando su Pastisseria Fargó, lo hacen con el reto añadido de la exigencia de la tradición. La nueva Pastisseria Fargó ocupa el local en el que durante 80 años estuvo la Dolceria Soler, un emblema de El Vendrell.

«Es un gran reto», reconoce Emma García. «Pero estamos seguros de nuestra calidad y también hemos tenido muchos consejos de Teresa (antigua propietaria de la Soler)».

Era el momento

Además de tirar adelante ese dulce sueño, Cesc Armengou y Emma García han creado cinco empleos. Todos han salido del hotel con una gran preparación y experiencia. Abrieron a finales del pasado mes de noviembre cuando la crisis que sigue golpeando mantenía elevada la incertidumbre.

«Pero teníamos unos pequeños ahorros, el hotel estaba cerrado y las ilusiones de tener un negocio propio estaban latentes. Era el momento», dicen. 

¿Miedo? «Estábamos seguros de nuestras posibilidades y la hostelería estaba cerrada». Cuando decidieron cumplir el sueño comenzaron a trabajar para acondicionar el local al nuevo estilo que pretenden transmitir. «Hemos hecho con nuestras manos todo. Queremos que sea un lugar acogedor. Un punto de encuentro de los vecinos. Y con la calidad de las elaboraciones». 
Los vecinos ya empiezan a conocer la nueva pastelería de El Vendrell. «Tenemos muchas felicitaciones. Eso es lo mejor que puede pasar».

Es el ejemplo de que las crisis deberían ser una oportunidad. «Está el lanzarse, pero también sabemos del reto y la exigencia. Y las ganas de trabajar».


Fuente: diaridetarragona